Jesús, en Ti confío

Oh Amor Eterno, mandas pintar Tu Santa Imagen
Y nos revelas la fuente inconcebible de la misericordia,
Bendices a quien se acerca a Tus rayos,
Y el alma negra se convierte en nieve.

Oh dulce Jesús, aquí has establecido el trono de Tu misericordia
Para dar alegría y ayudar al pecador,
De Tu Corazón abierto, como de un manantial puro,
Fluye el consuelo para el alma y el corazón contrito.

Que el honor y la gloria para esta imagen
No dejen de fluir de las almas de los hombres,
Que cada corazón glorifique la Divina Misericordia
Ahora y por los siglos de los siglos y en cada hora.

(Diario, 1)


Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús como una Fuente de Misericordia para nosotros, en Ti confío.

(Diario, 187)


Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, por nuestros pecados y los del mundo entero. Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros.

(Diario, 475)


Cantaré eternamente la misericordia del Señor
Delante de todo el pueblo,
Ya que éste es el mayor atributo de Dios
Y para nosotros un milagro continuo.

Brotas de la Divina Trinidad,
Pero de un único seno amoroso;
La misericordia del Señor aparecerá en el alma
En toda su plenitud, cuando caiga el velo.

De la fuente de Tu misericordia, oh Señor,
Fluyen toda felicidad y toda vida;
Y así, todas las criaturas y todas las cosas
Cantad con éxtasis el himno de la misericordia.

Las entrañas de la Divina Misericordia abiertas para nosotros,
Por la vida de Jesús extendido en la cruz;
No deberías dudar ni desesperar, oh pecador,
Sino confiar en la misericordia, porque tú también puedes ser santo.

Dos manantiales brotaron en forma de rayos,
Del Corazón de Jesús,
No para los ángeles, ni querubines, ni serafines,
Sino para salvar al hombre pecador.

(Diario, 522)


Muéstrame, oh Dios, Tu misericordia,
Según la compasión del Corazón de Jesús.
Escucha mis suspiros y mis súplicas.
Y las lágrimas de un corazón arrepentido.

Oh Dios omnipotente, siempre misericordioso,
Tu compasión es siempre inagotable,
Aunque mi miseria es grañidísima como el mar,
Tengo plena confianza en la misericordia del Señor.

Oh Trinidad eterna, oh Dios siempre benigno,
Tu compasión es ilimitada,
Por eso confío en el mar de misericordia
Y Te siento, Señor, aunque me separa un velo.

Que la omnipotencia de Tu misericordia, oh Señor,
Sea glorificada en el mundo entero,
Que su culto no termine jamás,
Alma mía, propaga la Divina Misericordia con ardor.

(Diario, 1298)


Con añoranza miro hacia el cielo sembrado de estrellas,
Hacia el azul del firmamento impenetrable.
Hacia allí, a Ti, oh Dios, se lanza el corazón puro
Y desea liberarse de las cadenas del cuerpo.

Con ardiente deseo te miro, patria mía,
¿Cuándo terminará este destierro mío?
Así suspira hacia Ti, Jesús, Tu esposa,
Que por anhelarte vive agonizando.

Con nostalgia miro las huellas de los santos,
Que pasaron por este destierro a la patria,
Dejándome ejemplos de virtud y sus consejos
Y me dicen: paciencia, hermana, ya pronto caerán las cadenas.

Pero el alma ansiosa no oye estas palabras,
Ella desea vehementemente a su Dios y Señor
Y no entiende las palabras humanas,
Porque sólo de Él está enamorada.

Mi alma ansiosa, herida por el amor,
Se abre paso por entre todo lo creado,
Y se une a la eternidad sin límites,
Al Señor a quien mi corazón está desposado.

A mi alma ansiosa, permítele, oh Dios,
Sumergirse en Tu Trinidad Divina,
Cumple mis deseos, por los cuales Te suplico humildemente,
Con el corazón colmado del fuego de amor.

(Diario, 1304)


Expiraste, Jesús, pero la fuente de vida brotó para las almas y el mar de misericordia se abrió para el mundo entero. Oh fuente de vida, insondable Misericordia Divina, abarca al mundo entero y derrámate sobre nosotros.

(Diario, 1319)


Navega la barca de mi vida
Entre las oscuridades y las sombras de la noche,
Y no veo ningún puerto,
Estoy a la merced del mar profundo.

La más pequeña tempestad podría hundirme,
Sumergiendo mi barca en el torbellino de las olas,
Si no vigilaras sobre mi Tu Mismo, oh Dios,
En cada momento de mi vida, en cada instante.

En medio del estruendo de las olas
Navego tranquilamente con confianza
Y, como una niña, miro adelante sin temor,
Porque Tu, oh Jesús, eres mi luz.

Todo alrededor es horror y espanto,
Pero mi paz es más profunda que las profundidades del mar
Porque quien está Contigo, Señor, no perecerá
Me lo asegura Tu amor divino.

Aunque alrededor hay muchos peligros,
No los temo, porque miro el cielo estrellado.
Y navego con denuedo y alegría,
Como corresponde a un corazón puro.

Pero sobre todo, únicamente
Por ser Tu mi timonero, oh Dios,
La barca de mi vida navega tan serenamente
Lo reconozco en la más profunda humildad.

(Diario, 1322)


Oh Jesús, deleite de mi alma, Pan de los ángeles,
Todo mi ser se sumerge en Ti
Y vivo de Tu vida divina, como los elegidos en el cielo,
Y la autenticidad de esta vida no cesará aunque descanse en la tumba.

Oh Jesús, Eucaristía, Dios inmortal,
Que permaneces continuamente en mi corazón,
Y cuando estás conmigo, ni siquiera la muerte puede dañarme.
El amor me dice que Te veré al final de la vida.

Rebosada de Tu vida divina,
Miro tranquila hacia los cielos abiertos para mí,
Y la muerte avergonzada se irá con nada,
Porque Tu vida divina está encerrada en mi alma.

Y aunque por tu santa voluntad, oh Señor,
La muerte ha de tocar mi cuerpo,
Deseo que esta separación suceda cuanto antes,
Ya que con ella entraré en la vida eterna.

Oh Jesús, Eucaristía, vida de mi alma,
Tú me has elevado a las esferas eternas,
Por la Pasión y la agonía entre atroces tormentos.

(Diario, 1393)


No sé, oh Señor, a qué hora vendrás,
Por eso vigilo continuamente y presto atención,
Yo, Tu esposa por Ti escogida,
Porque sé que Te gusta venir inadvertidamente,
Pero el corazón puro desde lejos Te sentirá, Señor.

Te espero, Señor, entre la quietud y el silencio,
Con gran añoranza en el corazón,
Con un deseo irresistible.
Siento que mi amor hacia ti se vuelve fuego
Y como una llama ascenderá al cielo al final de la vida
Y entonces se realizarán todos mis deseos.

Ven ya, mi dulcísimo Señor,
Y lleva mi corazón sediento
Allí, donde estás Tú, a las regiones excelsas del cielo,
Donde Tu vida dura eternamente.

La vida en la tierra es una agonía continua,
Mientras mi corazón siente que está creado para grandes alturas,
Y no lo atraen nada las llanuras de esta vida,
Porque mi patria es el cielo. Ésta es mi fe inquebrantable.

(Diario, 1589)


¡Oh verdad, oh vida sembrada de espinas!
Para pasar por Ti victoriosamente
Hay que apoyarse en ti, oh Cristo,
Y estar siempre cerca de Ti.

Sin Ti, oh Cristo, no sabría sufrir,
De por mi no sabría afrontar las contrariedades,
Sola, no tendría el valor de deber de Tu cáliz,
Pero Tú, Señor, siempre estás conmigo y me guías por caminos misteriosos.

Y yo, una niña débil, he comenzado a luchar en Tu nombre
He luchado con valor, aunque a veces sin éxito,
Y sé que Te han sido agradables mis esfuerzos,
Y sé que recompensas eternamente sólo el esfuerzo.

¡Oh verdad, oh lucha a vida y a muerte!
Al emprender la lucha como un oficial inexperto,
He sentido que tenía sangre de guerrero, pero era todavía una niña,
Por eso, oh Cristo, necesitaba Tu ayuda y Tu defensa.

Mi corazón no descansará del esfuerzo ni de la lucha,
Hasta que Tu Mismo no me llames del campo de batalla.
Me presentaré delante de Ti no por la recompensa ni los honores
Sino para sumergirme en Ti por la eternidad en la paz.

(Diario, 1654)


Soledad, mis momentos preferidos,
Soledad, pero siempre Contigo, Oh Jesús y Señor.
Junto a Tu Corazón el tiempo me pasa agradablemente
Y mi alma encuentra descanso.

Cuando el corazón está colmado de Ti y lleno de amor
Y el alma arde de un fuego puro,
Entonces en el mayor abandono no sentirá soledad,
Porque descansa en Tu seno.

Oh soledad momentos de la más intensa compañía,
Aunque abandonada de todas las criaturas
Me sumerjo por completo en el océano de Tu divinidad
Y Tú escuchas dulcemente mis confidencias.

(Diario, 1699)


Adorado seas, oh Dios, en la obra de Tu misericordia,
Bendecido seas por todos los corazones fieles
Sobre los cuales se posa Tu mirada,
En los cuales está Tu vida inmortal.

Oh mi Jesús de la misericordia, Tu santa vida sobre la tierra ha sido dolorosa.
Y terminarás Tu obra entre terribles tormentos,
Suspendido y extendido en el árbol de la cruz,
Y todo esto por amor a nuestras almas.

Por un amor inconcebible has permitido abrir Tu sacratísimo costado,
Y de Tu Corazón brotaron torrentes de Sangre y Agua
Aquí está la Fuente viva de Tu Misericordia,
Aquí las almas encuentran consuelo y alivio.

En el Santísimo Sacramento nos has dejado Tu misericordia.
Tu amor ha proveído
Que caminando por la vida, los sufrimientos y las fatigas,
No dude yo nunca de Tu bondad y Tu misericordia.

Aunque sobre mi alma pesen las miserias del mundo entero,
No puedo dudar ni un solo instante,
Sino que confiar en la fuerza de la Divina Misericordia,
Porque Dios acoge siempre con bondad un alma arrepentida.

Oh inefable misericordia de nuestro Señor,
Fuente de piedad y de toda dulzura.
Confía, confía oh alma, a pesar de estar manchada por el pecado,
Porque cuando te acerques a Dios no probarás amargura.

Porque Él es la llama viva de un gran amor,
Cuando nos acercamos a Él
Desaparecen nuestras miserias, pecados y maldades,
Él salda nuestras deudas cuando nos entregamos a Él.

(Diario, 1748)

Diario de Santa Faustina Kowalska